Un lugar para cada cosa que hace
Al principio el compañero vivía en una sola habitación y cada acción se reducía a cambiar de objeto. Leer, comer, entrenar: el mismo sitio, otra cosa en pantalla. Se leía como un menú con una imagen pegada.
Hoy cada objeto tiene su decorado. La cafetería, el gimnasio, el cine, el parque infantil y el salón recreativo ganaron varios cada uno, y Viaje ofrece una escena de ciudad detallada por destino, con Tokio como Dorado.
Los diez segundos de antes
Cada decorado se abre con un breve plano de entrada: el saco balanceándose en el gimnasio, los apliques encendiéndose en el cine, la película arrancando. Diez segundos, dibujados en la misma rejilla que todo lo demás, y después empieza la acción.
Un decorado dibujado por objeto es muchísimo más trabajo del que una sola habitación pidió jamás. Lo que compra es que ninguna acción se parezca a otra con otra etiqueta.
El cambio mereció la pena en cuanto el catálogo pasó de doscientos objetos. Por debajo, una habitación compartida es ahorro; por encima, es la razón por la que todo empieza a parecer lo mismo.
Y en tres idiomas
El español llegó en la misma pasada, junto al inglés y el francés, hasta el género gramatical del compañero: cada frase concuerda bien en lugar de recurrir a una sola forma y confiar en que nadie se dé cuenta.